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jueves, 29 de diciembre de 2011

LA CASTA






No es raro encontrar en cada español la sensación de que los políticos de nuestro país no llegan a ser demasiado honestos. Sin ir más lejos, la última encuesta del CIS publicada en setiembre nos muestra que para los españoles, la clase política y los partidos son el tercer problema relevante del país después del paro y las cuestiones económicas. Cabe preguntarse pues, si ésa es la concepción que tiene la sociedad sobre sus representantes, ¿porqué sigue manteniéndose el mismo tipo de sistema?

Por mucho que nos pese, este hecho forma parte de la cultura de los españoles y no es difícil encontrar a lo largo de la historia anécdotas sobre esta característica. Que España no se hundiera en la miseria dependió prácticamente de su influencia en la conquista de América, suena duro, suena simple, pero esas son las conclusiones a las que acaban llegando la mayoría de historiadores. Influencia que acabó perdiendo por otra parte al no poder gestionar, por la magnitud del territorio, el continente americano.

Para entonces en españolito de a pie ya se sentía orgulloso de su nación, dando paso a los Hidalgos de Castilla unos siglos más tarde. Estos señores se aferraban a los títulos nobiliarios que habían conseguido a través de favores con la nobleza o gobernantes, y los mantenían a capa y espada así como lo intentaban con su estatus, aunque no tuvieran pedazo de pan duro que llevarse a la boca.

Pero no hace falta irse tan lejos, no era de extrañar encontrarse a principios del S.XX con el caciquismo en los campos españoles. Los caciques eran los “señores” amigos de los señores que en ocasión eran amigos de los grandes señores. Éstos por un sueldo se encargaban de mantener en vereda a los campesinos: custodiaban los campos, se llevaban las cosechas a modo de impuesto y arancel y coaccionaban o amenazaban para facilitar el llamado “voto desde arriba”. Esto es, aunque la población tuviera cierto derecho a votar, de su voto dependía hundirse en la miseria, quedarse sin campos o recibir los merecidos físicos “pertinentes”. Ellos colocaban a los alcaldes y controlaban la justicia así como demás funcionarios públicos. Su misión a parte de controlar las tierras era la de conseguir que los candidatos a ministro resultaran elegidos en las elecciones, por lo que tenían la proteccion de los gobernadores civiles, la justicia y demás órganos públicos de poder. Por algo se les llegaría a llamar “El partido de la porra”.

Hoy en día, aunque cubierto por el tupido velo de la democracia no ha cambiado demasiado el escenario. No es difícil encontrar ramificaciones familiares en todos los ambientes políticos españoles y por ende, europeos, así como relaciones política-bancarias de amistad. La burocracia imperfecta del país funciona en este caso a la perfección, dándonos un total de unos 80.000 políticos activos. Por si fuera poco, no hay ninguna institución española que se encargue de precisar el número de los que cobran del estado sin estarlo. Para ser más gráficos y amenos vamos a mostrar unos cuantos datos extraídos del libro “El chollo de la casta política en España”, de Daniel Montero que, sin duda, dejaría sin habla a más de uno.

Según el autor, mientras un español tiene una pensión máxima de 32.000 euros anuales, los políticos tienen derecho a pensiones vitalicias de unos 74.000 euros que además no són incompatibles con otros sueldos de la administración o actividades económicas. Un diputado o Senador sólo tiene que ejercer durante 7 años para cobrar la pensión máxima, mientras que un español tiene que cotizar un mínimo de 35. Además hacienda sólo les retiene un 4,5 % de la nómina.

Por si fuera poco, somos los españoles los que pagamos las multas (y con recargo) que el DGT les pone, así como viajes de ocio alegando excusas, como por ejemplo, el viaje que pidió el Congreso para que 60 diputados viajaran a canarias cuatro días para “estudiar el cultuvo del plátano”. Por otra parte, Zapatero es el único presidente de la UE que carga sus gastos vacacionales a los presupuestos estatales y viaja con 100 personas durante tres semanas, como un marahá.

Jose María Aznar es el único expresidente del gobierno que ha solicitado el sueldo vitalicio de sentarse en el Consejo de Estado (74.000 € anuales), nómina que quiso sumar a la del ejecutivo Robert Murdoch y le fue denegada. Aún así salió beneficiado optando por un sueldo de 220.000 euros al año (tres veces más de lo que cobraba como presidente) sin contar otras actividades públicas o privadas.
Disponen de 5.000.000 de euros al año para utilizar aviones, trenes o barcos del Estado a su antojo. No tienen límite para el gasto en comidas de representación ni fiscalización previa a la hora de comprar jamón, champán o puros de alta cava.

Por esto y por mucho más no podemos sentirnos culpables ni causantes de la crisis, porque hemos comprado aquello que nos han querido vender y ellos son los menos austeros. Aún así, no podemos olvidar que hemos sido nosotros los que lo hemos permitido.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Artículo final sobre el sindicalismo en España (más ameno y breve)




Qué sorpresa llevamos en el cuerpo desde Mayo, ¡olas de indignación se agitan y convulsionan sociedades desde todas las partes del globo! La gente parece haber despertado y con ello una nueva sed de conocimientos, ánsia de saber cómo deberían ser las cosas y qué medidas se deberían tomar para vivir en un mundo más sostenible, justo y armonioso, sin tantas distancias entre las personas ni barreras que impidan el derecho de vivir dignamente. 

Vivimos una situación que ya se hace insostenible: élites blindadas especulando con alimentos, agricultura extensiva, empresas transnacionales provocando la precariedad laboral siguiendo el principal lema capitalista: “máximo beneficio al mínimo rendimiento”, ¡no puede ser normal que los vasos vengan de Brasil y que las locutoras de telefónica nos respondan desde latinoamérica!... todo efectos de la maldita globalización y de la economía política, aunque más que de ellas, de la incosciencia social que se tiene a la hora de gestionar los recursos que obtenemos.

Estoy contenta y como muchos pienso ¡Ya era hora!, y por eso he creído necesario tratar el tema del sindicalismo, porque sin planteárnoslo, una gran fuerza sindical es capaz de transformar la política de un país, poniéndola realmente al servicio de los ciudadanos y sin castigar tanto el gasto público como lo hacen los gobiernos de nuestro país.

Sindicato y Patronal son palabras conocidas por todos, ahora bien ¿es real la imagen que tenemos en mente sobre su significado? ¿Hasta qué punto afecta la fuerza o debilidad del sindicalismo en la política de un país? ¿Puede éste ser una fuerza positiva y necesaria para la democracia? Comúnmente vemos cómo sus representantes españoles salen en prensa o televisión pero no acabamos de adivinar qué es exactamente lo que hacen y a qué se dedican (me refiero, por supuesto, a los sindicatos mayoritarios y/o subvencionados).

La idea de que los sindicatos están ahí para proteger los derechos de los trabajadores, debatir acuerdos con los empresarios e interponerse entre las medidas laborales que propone el gobierno es, en teoría, una realidad. Y digo en teoría porque los resultados de la práctica dependen mucho de cómo se utilice la fuerza sindical.

En este artículo se va a ofrecer un breve análisis sobre el sindicalismo en España y veremos hasta qué punto es importante para fomentar las políticas sociales y por ende, de los ciudadanos.

Según la RAE, un sindicato es:

1.m.Asociación de trabajadores constituida para la defensa y promoción de intereses profesionales, económicos o sociales de sus miembros.


Entonces, ¿qué es lo que falla?

La mayoría de nosotros (y es una costumbre que debemos evitar), solemos hacernos ideas preconcebidas de cómo són o funcionan las cosas a partir de un esquema simplificado de datos. O lo que es lo mismo: "Yo con pocas definiciones/opiniones me conformo", o “eso pasa en todas partes por igual y desde siempre, es lo normal”. Lo que no tenemos en cuenta es que al igual que la putería de la letra pequeña al pedir la hipoteca, muchos temas tediosos o dados por supuestos en la vida diaria tienen poco que ver con lo que realmente 
creémos que deberían ser.



En el caso de los sindicatos no podemos darnos el lujo de dar por hecho el papel real que ejercen en España, pues expertos en diferentes campos (sociología, política, historia) afirman que sus agentes sociales no ejercen ninguna competencia que pueda ayudar a cambiar el curso político del país en favor de los ciudadanos. Debemos tener en cuenta que, a diferencia de en otros países donde sí funciona el sindicalismo como en Suecia o Noruega (donde la afiliación supera el 80% y por lo tanto, son los ciudadanos los que deciden sus leyes), el sindicalismo en España no tiene prácticamente afiliados (menos de un 5%) y lo que es más relevante, se creó en condiciones muy distintas.

Muchos no estábamos y otros no se acuerdan, pero basta con saber que fue justo después de una dictadura, durante la transición, cuando se crearon los sindicatos mayoritarios (UGT y CCOO). Sus normativas se establecieron con efectos en principio temporales y como causa de la situación política a la que el país se enfrentaba. Había vuelto a resurgir la izquierda con toda su fuerza y eso espantó al rey y a los gobernantes de la época, que vieron posible el hecho de que por las circunstancias dadas en los últimos años, ésta se podía radicalizar.


 El sindicalismo tal y como estaba estipulado debía cambiarse tras pasar esta fase, en cuanto se estabilizase la situación política del país. En cambio, los principales sindicatos se establecieron creando relaciones de dependencia de recursos frente al estado en motivo de subvenciones, locales públicos, sueldos y demás gastos que, por conveniencia interna, nunca más se volvieron a replantear. Esta dependencia de recursos se han ido perpetuando por inercia a lo largo de los años gracias a su propaganda en los medios, la foto de costumbre y la publicación de estadísticas favorables que se achacaban falsamente a sus funciones a partir de lo que en sociología se le llama “mito de racionalización”.

Una de las causas por las que el sindicalismo no tiene efecto en nuestras políticas son las dos premisas básicas para que se dé la real eficacia sindical en cualquier país: la primera, cualquier sindicato debe de ser totalmente independiente del gobierno para poder actuar como representante REAL de los ciudadanos y así ofrecer presión como intermediario entre éstos y las medidas que pretenda adoptar el gobierno, y la segunda, que deben tener una alta afiliación por parte de la población de dicho país, representar a la totalidad de los ciudadanos en armonía como si formaran parte de una sola institución y sin conflictos internos (algunos conoceremos las tensiones de UGT y CCOO), pues esa es su principal premisa.

Como colofón, las cúpulas sindicales no tiene relación ninguna con sus bases ni con los comités de empresa, que serían los representantes más cercanos a los trabajadores, impidiendo este hecho la organización eficaz para llegado el caso, poder tomar medidas.

No nos engañemos, en el caso de España los sindicatos actualmente están secuestrados. Pues a parte de ofrecer estadísticas y convocar huelgas, no tienen poder real para parar la aprobación o modificación de nuevas leyes o exigir referéndums, hechos que en otros países forman parte del sistema rutinario. No se les tiene en cuenta a la hora de la toma de decisiones importantes dado que no son independientes del gobierno y por lo tanto, no pueden pactar como fuerza intermediaria.

Por muy buena que sea nuestra intención participativa, apoyándolos estamos contribuyendo a que esa dependencia continúe perpetuándose.

Con esto he querido decir que es MUY IMPORTANTE solucionar este problema cuanto antes y sanear el sindicalismo español, pues de funcionar, sería la única fuerza institutiva con base legal que tiene el pueblo para reclamar sus derechos civiles y por lo tanto, de conseguir realmente políticas sociales tal y como sucede en otros países donde existen sistemas sindicales más sanos. ¡Investiga y compruébalo tu mism@!

miércoles, 13 de abril de 2011

Lo que he dicho y LO QUE QUIERO DECIR...(si vas a votar (o no), necesitas saber esto...)



  • Votar en blanco no sirve de nada, es practicamente como no votar.
  • Votar en las grandes ciudades no tiene la misma representación que votar en los pueblos (un voto de Burgos al igual vale como 5 de Madrid).
  • Los partidos pequeños no tienen nada que hacer, a no ser que crezcan considerablemente.
  • Es un sistema injusto decantado hacia la derecha.
  • Esto es así porque durante la Transición, al haber una izquierda tan radical se quisieron compensar las ideologías (después de 35 años, no tiene ningún sentido que siga este sistema).
  • PSOE y PP pueden estar tranquilos en su púlpito, pues los demás partidos no le suponen ninguna amenaza.
  • El sistema D'Hondt sólo sirve para que el BIPARTIDISMO siga en la política.
  • El reparto de 2 escaños de base en cada provincia es absurdo, favoreciendo totalmente a la derecha y a los pueblos pequeños frente a los grandes (que por otra parte presentan más oportunidades de que partidos con menos votos obtengan algún tipo de representación).
  • En los pueblos pequeños se favorece a la derecha porque en los ambientes rurales suele salir elegido el PP.
  •  En los pueblos pequeños, con la actual fórmula D'Hondt, en los pocos escaños que tienen siempre saldrán representados los partidos mayoritarios.
  • En España hay unos 8.110 municipios de los que tan sólo 29 superan los 200.000 habitantes.

Resumiendo, como no podría ser menos y vamos viendo cada vez más a menudo, nuestro país es corrupto, está manipulado y además nosotros lo permitimos. ¡DESPIERTA! ¡TOMA LA CALLE! (ES NECESARIO).

¿Qué votamos?


¿Qué votamos?

Como venimos escuchando en los medios desde hace varias semanas (y las que nos quedan), el próximo 22 de mayo son las elecciones autonómicas y municipales.
Tal y como están las cosas, algunos nos preguntamos ¿a quién voy a votar? O lo que es más triste ¿para qué voy a votar? Todos los partidos se ponen de acuerdo al unísono en la importancia que tiene el voto útil y nos abruman continuamente con frases parecidas a: ¡es necesario que votéis! ¡sea a quién sea votad!

Estos típicos comentarios en vísperas electorales suelen generar desconfianza y dan a pensar que, se vote a quién se vote, ellos siempre tienden a sacar beneficio. Muchas de las personas que acudimos (o no) a las urnas desconocemos realmente la importancia que tiene votar y cuál es su utilidad real. Según Dahl (1988), un orden político será democrático siempre y cuando cumpla dos premisas fundamentales: a) que cada miembro tenga derecho a ser tratado y considerado en igualdad de condiciones y b) que todas las opiniones de los ciudadanos sean igualmente válidas.

Centrándonos en la segunda, la toma de decisiones de la ciudadanía debe satisfacer el principio de: “una persona, un voto”. Este concepto visto desde el enfoque teórico es muy sugerente y tiende a crear un sentimiento positivo, pero aún así sospechamos que algo no funciona como debería ¿cómo se aplica esto en el caso de las elecciones estatales? ¿realmente todos los votos tienen la misma representación?

En nuestro sistema democrático, como todos sabemos, prima el bipartidismo, esto es, la mayor parte de los votos quedan repartidos entre dos partidos. Es obvio a simple vista que la causa principal es que los ciudadanos han decidido votarlos en mayoría. Pero si nos centramos en las elecciones estatales, es necesario preguntarse qué criterio se escoge para el reparto de los votos entre los escaños disponibles para cada partido. Esta asignación se realiza a partir del sistema D'Hont. Que, aunque pueda parecer por el nombre una fórmula complicadísima, es muy simple de aplicar.

El sistema D'Hont consiste en dividir el total del número de votos que hayan conseguido los partidos entre los escaños a repartir en una circunscripción pero con cierta particularidad. Pues por ejemplo, si los escaños que debiéramos repartir fueran 5, tendríamos que dividir el número total de votos de cada partido entre 1, 2, 3, 4 y 5 respectivamente. Estos cálculos nos mostrarán cómo se hará a continuación la repartición, pues los escaños elegidos serán siempre las divisiones que hayan conseguido las 5 mayores puntuaciones.



Partido A
Partido B
Partido C
Partido D
Partido E
Escaños
Votos
500.000
300.000
200.000
100.000
50.000
División

500.000
300.000
200.000
100.000
50.000
/1

250000
150.000
100.000
50.000
25.000
/2

166.667
100.000
66.667
33.333
16.667
/3

125.000
75.000
50.000
25.000
12.500
/4

100.000
60.000
40.000
20.000
10.000
/5

Como podemos ver, 3 de los escaños corresponden al partido A, 1 escaño al B y otro al C. Los partidos D y E no han conseguido en cambio ninguna representación. Además debemos tener en cuenta que el voto en blanco no tiene ningún tipo de cabida en este sistema ya que solo se aplica la fórmula electoral a candidaturas (que superen la barrera del 3%), es decir, por mucho que se compute como voto útil, a la hora del recuento no se contabiliza.

No podemos afirmar que sea un sistema bastante desproporcional en cuanto a que, al fin y al cabo, se representan la totalidad de los votos (menos los en blanco). Las candidaturas tienen que superar una barrera electoral del 3 %, por lo que hay muchos votos que no tienen representación, ya sea por no superar esa barrera o porque, superándola no consiguen ningún diputado. Así pues, se puede afirmar que la Ley D'hondt favorece claramente a los partidos mayoritarios.

El problema real nace cuando, en el caso estatal, todos los escaños que existen se deben repartir entre las circunscripciones, que en el caso de España son las provincias. Así pues, las provincias que tengan pocos escaños siempre estarán representadas por los dos partidos mayoritarios.

Por si nos parecía poco proporcional, aún surge otro inconveniente en el reparto En el sistema electoral que se aplica en España siempre se dan dos escaños de prorrateo a cada provincia, es decir, antes de empezar el recuento de votos todas las circunscripciones ya tienen dos escaños de base. Esto supone que, en las provincias menos pobladas, además de tener escaños principalmente de los partidos mayoritarios, un voto computa más que en aquellas donde la población es mayor.

Así pues, el voto de un ciudadano de Madrid, por ejemplo, computa menos que uno de Burgos, dado que en esta última circunscripción hay menos población y por lo tanto, eligen los escaños entre menos votantes quedando subestimados muchos votos madrileños. A su vez, Madrid al igual que otras provincias españolas con gran número de habitantes, es donde más favorecido se puede ver el voto a los partidos minoritarios en el caso de elecciones estatales, pues a mayor proporción de población, más heterogeneidad de voto útil.

Llegados a este punto debemos preguntarnos: ¿Cuán proporcional es nuestro sistema electoral? La fórmula D'Hont favorece, concretamente en el caso español, a que haya una desproporcionalidad del 14%. Aunque nos sorprenda, esta no es la única característica injusta de nuestro sistema de elecciones, pues hay más, interesantes y dignas de conocer que no se tratan aquí por falta de espacio.

Debemos plantearnos seriamente cómo votamos y a quién votamos. A quién favorecemos o perjudicamos con nuestra decisión. Pues, si realmente pretendemos modificar este bucle bipartidista en el que estamos sumergidos debemos informarnos, difundir esa información y así intentar despertar la conciencia colectiva.

No hay inversión más rentable que la del conocimiento” Benjamin Franklin.

sábado, 9 de abril de 2011

Datos de interés "¿qué votamos?"



 Cómo funciona el sistema D'Hont en España según la wikipedia:


Historia del porqué y diversas desigualdades en el sistema electoral español:



Reynoso, Diego. Votos ponderados: sistemas electorales y sobrerrepresentación distrital , Colección Las ciencias sociales: Conocer para decidir. Las ciencias sociales: Segunda década/ Miguel Ángel Porrúa. E d. FLACSO México, 2004.


Democracias, componentes y modelos (básico):


Otros modelos de democracia que se utilizan en Europa 

Sistema político suizo: 


Sitemas políticos de Gran Bretaña, Estados Unidos de Norteamérica, Francia: 


Sistema político alemán:



Algunas alternativas




Vidal Prado, Carlos. El sistema electoral español: una propuesta de reforma, e d.Método, 1995, Madrid alternativas



MODELOS DE DEMOCRACIA


Lijphart, Arent, Modelos de democracia: formas de gobierno y resultados en treinta y seis países. E d. Ariel ciencia política, 2000.


MODELOS DEMOCRÁTICOS MUY POCO DEMOCRÁTICOS